Para Héctor Salinas la disidencia sexual es un término desarrollado por científicos sociales durante la última década para nombrar y reinvidicar identidades, prácticas culturales y movimientos políticos no alineados con la norma socialmente impuesta de la heterosexualidad.
Para él, es más correcto usar ese término que el de diversidad sexual, concepto que engloba a todas las orientaciones sexuales, incluida la hegemónica. Por otra parte, en vez de acrónimos como LGBTTTI, el especialista se inclina más por el empleo de la expresión movimientos de de disidencia sexual, toda vez que la sigla es conmutable según la geografía. Por ejemplo, en algunos países el LGBT, en otros lugares es BLGT y TLGB en otros. “Esta denominación corre el riesgo de dispersarse en una serie de nomenclaturas que terminan por no nombrar nada”, afirma Salinas.
La disidencia sexual viene a ser, en muchos de los sentidos, la visibilización de lo invisible, es decir, el salir de la luz de formas de relacionarse o de expresarse de las personas en relación a su ser sexogenérico, en donde la monogamia, heterosexualidad y el acto sexual en posición de misionero, es una expresión más y no una norma.
En esta emisión de SEXO LIBRE: disidencia sexual y de género.
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